Un éxito

Hace menos de un mes salieron las primeras imágenes de una Habana destruida e inundada por el huracán Irma. En un video, rescatistas sacaban a una niña de brazos y se la entregaban a la mamá. En otra, un joven nadaba al lado de otros dos que caminaban casuales mientras se reían, probablemente descalzos y sin mirar el agua lodosa que les llegaba a la cintura.

Ayer un terremoto doblegó a la Ciudad de México. Hoy las imágenes que han sustituido las de la tragedia han sido las olas de personas que siguen moviendo escombros con palas, picos y con brazos desnudos. Las imágenes lo dicen todo: son masas de gente sudando, con tierra en el pelo y en la ropa, sin haber dormido o comido, escarbando entre hierro y cemento con la esperanza de encontrar personas desconocidas aún con vida.

Hoy Guatemala se fue a paro nacional. Desde hace ya semanas se está pidiendo la renuncia del presidente y de diputados de la Asamblea después de que intentaron reformar leyes para encubrir casos de corrupción y quedar impunes. El presidente además quiso expulsar al delegado de la Comisión Internacional contra la Impunidad en el país. La respuesta: La gente se tomó la plaza central de la capital e inició una protesta pacífica pero firme que lleva ya semanas. Como dijo hace unas horas Carlos Dada de El Faro en El Salvador: “Guatemala necesita otra plaza. En esta ya no cabe nadie”.

Mañana Puerto Rico probablemente amanecerá destruido por un nuevo huracán. Las imágenes son de terror: corrientes que traspasan muros y vehículos totalmente cubiertos por el agua. En medio de esa escena, personas que parecían diminutas avanzaban hoy con el lodo hasta el cuello, alzando algo con las manos: sus perros y sus gatos, mojados y asustados pero seguros y en camino hacia un lugar seco.

Mientras el Popocatepetl se activa y el Poás empieza también a alborotarse, yo sólo puedo corroborar que Latinoamérica es un éxito. El piso siempre va a temblar, el cambio climático siempre va a venir (sobre todo si lo seguimos negando), los volcanes siempre van a emerger y el planeta siempre se va a querer rascar. La forma en que hemos aprendido a salir del agua y sobrevivir en estas tierras me hace pensar que tal vez, si aprenden de nuestro ejemplo, la humanidad sí sobrevivirá.

colibrie

Vibramos

Es normal que todos estos eventos nos lleven a buscar cómo acampar en otro planeta. Es difícil leer entre líneas cuando los medios presentan siempre el vaso medio vacío, fragmentado y turbio. A veces pareciera que las malas noticias son las únicas que existen y se nos olvida que los titulares no nos hace ser quienes somos. No somos los que ponen una firma para esparcir veneno en las espaldas de la comunidad bananera de Latinoamérica. No somos los que cobramos cheques extraordinarios del ejército. No asesinamos a nuestras amigas, hermanas, mamás, hijas. No lideramos la pandemia de femicidios que tiene a la Latinoamérica consciente totalmente furiosa.

Sentimos que vamos en una máquina que se estrella y llevamos 500 años esperando el estallido, pero, como dirían los Tacuvos… ¿Quién conduce el gran locomotor? y además, ¿Quién pone cuerpos descuartizados en las primeras planas de los tabloides de Honduras? ¿Quién se encarga de crear terrorismo mediático? ¿Quién elige presidentes, banqueros, estrellas de cine, cantantes o antihéroes? ¿Quiénes están asesinando a las mujeres? No somos nosotras. No somos nosotros. No somos nosotres.

Somos una comunidad que demanda silencio para escuchar sobrevivientes en medio de escombros. Somos las mujeres, las encargadas de hacer que la humanidad no se haya extinguido y que continúe así, aunque se haga tanto por impedírnoslo. Somos la región de la crisis y del caos, no morimos hasta que morimos y vibramos en esa frecuencia, la de la alegría, la plenitud, la apertura, el feminismo y la diversidad.

Decenas de estudios sociales han comprobado que cuando grupos grandes meditan en un lugar específico, el crimen disminuye considerablemente por varios kilómetros a la redonda por varios días. Imagínense todo lo que seríamos capaces de hacer sólo con dejar de tomarnos los titulares como vasos de agua e indignándonos mientras construimos, desconformándonos mientras nos damos cuenta de lo que realmente merecemos, derrocando gobiernos corruptos mientras redescrubrimos la tribu.

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