Lo que mi Abril me ha enseñado

Abrililustracion

Hace nueve meses tuve una niña de colochos y ojotes café. Conocerla fue reconocerla: hemos andado juntas desde mucho tiempo atrás. Además de aprender a incorporar el llanto de una bebé a mi día a día (el único sonido que antes me estresaba más que una sierra eléctrica) y aprender a celebrar su caquita en los días de estreñimiento, ella me ha enseñado muchas cosas en su corto gatear-andar.

  1. Es posible volver a tener 8 años

Fue a esa edad que descubrí que el mundo a como lo conocíamos se acabaría si no hacíamos algo al respecto. Empecé a dibujar, escribir, leer sobre eso: no sólo el calentamiento global estaba en marcha sino también la destrucción de la capa de ozono. La paranoia ambiental de finales de los ochenta resultó no ser paranoia. Luego lo dejé ir por salud mental.

Vino la Abril y volví a mis ocho años apocalípticos. ¿Y el agua? ¿Y el aire? ¿Dónde vivirá mi Abril? ¿Recordará cómo se ven los pajaritos migratorios? ¿Y el ruido? La respuesta es la que temía tener a esta edad: No sé y probablemente no sabré. La verdad que todo es más irónico y perverso que lo que está visible dentro de nuestros pequeños saltos evolutivos. Aceptar con vergüenza que estos cuestionamientos no le lucen a una adulta treintañera es mi único legado. ¿Qué hago, Abril?

  1. Los niños y las niñas necesitan su espacio fuera de estos pixeles

Lograr que nuestras queridas familias no subiesen fotos de Abril a redes sociales ha sido más difícil que hablar de temas ambientales con los voceros del canal interoceánico. Parece que la lógica es: sos una cosita tan linda, que subiré imágenes tuyas contra tu voluntad para que todos te amen por igual y vean que sos el ser más increíble del mundo.

El resultado, para otros y otras bebés, ha sido millones de timelines lleno de seres bellos con cachetes rosaditos y ojitos curiosos aprendiendo a descubrir un mundo que no existe en internet. Todas esas personas hermosas y nuevecitas no conocen qué hay en el Facebook o Twitter de la mamá o papá. No saben que otros pueden apropiarse de sus imágenes y reusarlas para propósitos mucho menos nobles y no tienen idea de lo que es mantener y cuidar una identidad personal, porque esa responsabilidad debería recaer en los adultos. Abril, ¿Cuándo querés que el mundo te vea?

  1. La mastitis es una tema del ganado y la lactancia materna es igual a pasearse en tacones altos con las piernas peludas

Mi ginecólogo es maravilloso: tiene ese toque humano que le falta a los médicos de hoy. A pesar de eso, resentí que al consultarle sobre cómo prevenir la mastitis, me diera información tan escasa. Corrí a san google para aprender sobre eso y… sorpresa! los primeros resultados me hablaban del mal manejo de la ubre del ganado al extraer la leche. Mejor me lo tomé con humor: parece que el tema de la salud de las mujeres aún no llega a un 2015… ¿o sí?

Superé lo de la mastitis y mi hija hoy sigue tomando pecho y espero poder darle hasta que ella (o ambas) decidamos parar. Sí, tías queridas y abuelas, así como esa señora rara que vivía a una cuadra de no se quién y le dio de mamar a su hijo por tres años. Este tema ha sido una lección para mí: yo hacía mala cara de la idea de amamantar a un bebé y todo lo relacionado con eso. El gran descubrimiento es que, además de representar una conexión maravillosa, inmuniza a mi nunguna de muchas enfermedades.

  1. Los tatuajes no desaparecen y los mommy jeans no aparecen

Temía que al día siguiente de parir iba a amanecer con un closet llenos de mommy jeans y que mis tatuajes iban a mimetizarse en pixeles con mensajes de superación personal de envío masivo. Pensé que de pronto, iba a dejar de olvidar mi bolso en todas partes o iba a superar conductas de adolescente como darme un shot de crema batida detrás de la puerta de la refri. Lo bueno es que sigo siendo la misma, sólo que tengo una hija.

Mi mayor temor con la maternidad es toda esa parafernalia de cosas que a una le han metido en la cabeza que la simbolizan. Según lo socialmente establecido, los hombres no deben jugar roles en la vida a menos que lo decidan, así que no tienen estos rollos mentales: el derecho al juego, a la estupidez (eso ellos se lo toman bien en serio), a la experimentación, la equivocación y al aprendizaje son temas silenciosamente condenables para las madres. Menos mal que la María Von Trapp de Julie Andrews es un personaje de ficción, porque la real creo que quería huir de regreso al convento.

  1. Om (sin afiches floreados de redes sociales)

Descubrí tanto con todo esto que aún estoy desenrollando situaciones increíbles que me explican todos los días qué ocurrió cuando nació la Abril. Descubrí que hay algo mucho más fuerte y poderoso en la maternidad y en la energía de la creación que lo que está a la vista y que es tan poderoso pero sutil que puede llegar a ser peligroso para las formas “estructuradas” de poder bajo las cuales vivimos.

Así como se celebra la vida, duele la destrucción cercana y lejana. Esta energía, opuesta al individualismo y la desconexión, no es exclusiva de la maternidad sino más bien de la construcción, pero ayuda a comprender lo que representa. Bajo riesgo de sonar (ahora sí) como afiche floreado de redes sociales, puedo afirmar que es una proyección que va desde el centro del pecho, difícil de nombrar. Abril, ¿vos sí me entendés, verdad?

  1. La Abril está conectada con su papá

Y no me refiero a un papá del típico cuento latinoamericano desolador: la distancia, la firmeza, la ira, el jefe de familia. Nada de eso. Me refiero a un papá mapá o pamá, igual que yo, listo para todo, como el otro que se responsabiliza y aprende con paciencia sobre todo lo que implica tener una hija. Un papá que se queda casi todos los días varias horas con su Abril mientras yo dirijo la oficina. Él la baña, le da sus vitaminas, le da su desayuno, le hace su frutita majada. Se opone tanto como yo a la idea de perforarle las orejas a su hija para que parezca niña y no niño. En otras palabras, la Abril tiene un papá con el que está conectada más allá de su genética garífuna y sus colochos impeinables.

Abril, ¿Qué más viniste a enseñarnos?

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